Haz a los demás lo que no quieres que te hagan a tí

1:15 a. m. / Publicadas por German Henao / comentarios (0)

Independientemente de la religión o fuerza espiritual en la que creamos, desde pequeños nos enseñan que debemos ser buenos, portarnos bien, respetar a los mayores, no decir groserías y no hacerle a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros… todo lo anterior para poder vivir en un mundo justo e igual para todos.

Por un lado están algunas leyes de Dios que dicen “No cometerás actos impuros”, “No levantarás falso testimonio o mentiras”, “No consentirás pensamientos ni deseos impuros” y “No codiciarás los bienes ajenos”; que sin ánimo de ofender al señor que se parece al pingüino de Batman o al mesías que está por nacer en éstos días… se nota que estaban en el siglo 0! Obvio no estoy diciendo que en ésta época se justifique matar o robar ya que estamos de acuerdo en que eso no se debe hacer, pero si vamos más allá y analizamos la envidia, la lujuria y el resto de pecados que todos disfrutamos, se ha podido comprobar que son parte del ser humano y estamos hechos para sentirlos y vivirlos así que antes de pedirnos no codiciar lo de los demás y no tener pensamientos impuros, deberían quejarse con su Dios por habernos hecho así.

Y bueno, para que no parezca que estoy contra la iglesia o contra Dios me voy por el lado de esos que andan con piedras de colores por todo lado y que dicen percibir las energías de todo lo que hay alrededor (digo “dicen percibir” porque no me consta). Me refiero al famoso y tormentoso Karma que según la teoría, puede interpretarse como una ley cósmica de retribución o de causa – efecto que hace que se nos devuelva todo lo que hacemos. Hasta donde sé, y perdón si soy muy ignorante, cuando alguien hace algo con energía positiva entonces se le devolverán energías positivas y los mismo con las negativas… pero bueno, para ese caso tienen una piedra que convierte las energías negativas que les lleguen en positivas así que siempre terminan ganando.

Para no seguir con mil y mil teorías más, el caso es que todas las religiones y creencias en éste mundo buscan un equilibrio entre lo bueno y lo malo y todas dicen que uno recibirá lo que dé así que es mejor no hacerle a los demás lo que no quiere que le hagan a uno. Aún así, como en muchas de mis creencias, me voy más por lo que dice la ciencia con una simple frase sobre el orden natural de las cosas: EL GRANDE SE COME AL PEQUEÑO Y EL MAS RAPIDO DE COME AL LENTO.

Así es, como animales que somos la tarea es sencilla: Sobrevivir.

Constantemente nos encontramos en situaciones que a través de milenios le han enseñado a la naturaleza que “o come, o se lo comen”. Como pez pequeño, se debe comer a los que son aún más pequeños para poder crecer al mismo tiempo que se tiene cuidado de que los peces grandes lo devoren a uno y continuar así de acuerdo a las leyes del mar hasta que se es el pez más grande.

Ya sea en lo personal, en lo profesional o en cualquier otro ambiente, ésta parece ser la premisa principal sin querer decir que para lograr lo que se quiere hay que pasar por encima de los demás o “comérselos” para sacarlos del camino ya que también creo en la ética. Es simplemente cuestión de pensar más grande y pensar más rápido para así no ser uno el que termina como el eslabón débil del ecosistema.

Y bueno, para concluir digo lo siguiente: Es mejor ser el dealer que pone las cartas sobre la mesa y tiene el control del juego que ser la carta jugada. Por experiencia puedo decir que luego de ser la carta jugada muchas veces, he aprendido hay que ponerle las reglas del juego a los demás antes de que se las pongan a uno y luego simplemente dejar que juego muestre qué jugador es el más grande y el más rápido. Hacerle a los demás lo que no quieres que te hagan a ti es simplemente jugar primero si no quieres que jueguen por ti, tomar la iniciativa si no quieres que esa oportunidad la tome alguien más y mostrarse como el eslabón más fuerte antes que otro se aproveche de la debilidad.

Una bocanada de aire

12:54 a. m. / Publicadas por German Henao / comentarios (0)


¿Les gusta cuando cierran los ojos y botan todo el aire que tienen en los pulmones sólo para quedarse acostados en el fondo de una piscina por unos segundos? ¿Ver cómo pareciera que el tiempo se detiene y que sólo ustedes son dueños del mundo de pensamientos que pasan cada segundo por su cabeza? Bueno, pues esto es algo que a mí me encanta. Lo que comenzó como un juego cuando era chiquito ahora es una de mis maneras favoritas para relajarme y tener unos cuantos segundos conmigo mismo; dar y dar vueltas debajo del agua en todos los sentidos hasta quedar completamente desorientado mientras que todos los pensamientos se revuelven y salen acompañados con un poquito de aire para luego terminar acostado en el fondo, tocando levemente el piso y sin ningún ruido o movimiento alrededor que me saque de mí mismo.

Lo curioso es que digo “mí mismo” cuando ni siquiera estoy seguro de quién es esa persona. Es una búsqueda en la que aún estoy y que de hecho no creo acabar nunca.

Por ahora tengo algunas cosas claras como que tengo complejo de Peter Pan, sufro de algunos trastornos mentales (según diagnóstico mío) y no le tengo miedo a la muerte.

Desde hace unos años he pensado que no creo en las personas sino en los momentos, y aunque muchos creen que por la misma razón tampoco pueden confiar en mí, me he dado cuenta de que ésta manera de pensar de verdad me ha preparado para cerrar los ciclos que sean necesarios sin que éstos sean dolorosos o me generen algún daño. Daño que se ha repetido infinitas veces en mi vida (no lo digo por hacer drama, sé que a todo el mundo el pasa).

No creo en las típicas frases de “lo que es para uno es para uno” o “una puerta se cierra pero muchas se abren” porque simplemente soy caprichoso y no quiero que se me abran miles… quiero que la que deseo se quede abierta y punto. Además, odio esos consuelos baratos aunque los recibo con aprecio porque sé que las personas no los dicen con mala intención.

Soy un apasionado por naturaleza y con una fuerza rara por dentro. Fuerza que puedo usar para construir o para destruir. Fuerza que aumenta cada vez que alguien intenta meterse en lo que siento, pienso o hago. Fuerza que a veces es incluso más grande que mi mente y que me lleva a pensar y hacer cosas que no debo… en el buen y mal sentido de su interpretación.

Tengo el corazón de piedra porque la gente me ha hecho así… y aunque una amiga me dice que “me chuparon la fé” creo que eso es algo que siempre ha sido parte de mí. Creo que no nací para eso de amar porque cuando lo he intentado hiero o salgo herido y por esto es que soy un jugador por naturaleza. Yo pongo las cartas sobre la mesa y espero a que la persona las juegue… pero no enseño a jugarlas. Es cuestión de los demás si deciden jugar o no y si lo hacen es mejor que lo hagan con los movimientos correctos.

Estoy acostumbrado a terminar viendo a los demás en imágenes en las que antes era yo el protagonista y gracias a esto es que muchos se han ido de mi vida y aclaro que no por envidias ni rencores sino porque terminan en esa posición a costa mía y siendo yo la ficha que es jugada para terminar en donde están. Pero nada de dramas con eso, la gente decide estar en mi vida o fuera de ella.

Muchos amigos me dicen que merezco personas mejores o que simplemente esa persona “especial” llegará pero ya es algo que no me preocupa. He esperado por mucho tiempo y nunca se ha aparecido dicha persona especial… por lo menos para esos momentos en los que la he necesitado y aunque esto me convierta en una persona solitaria ya seré yo quien celebre o sufra esa soledad.

Afortunadamente tengo personas que me rodean y que aunque sé que se irán en algún momento, siempre son lo primero que pasa por mi cabeza cuando dudo sobre mi existencia.

Y para terminar volviendo al tema de la piscina, al final la decisión es en el último segundo: salir por una gran bocanada de aire o esperar más en la profundidad del agua sintiendo como éste se va acabando poco a poco mientras vas sintiendo que se apaga todo. Éste blog será esa bocanada que muchas veces necesito para muchas de las historias y pensamientos que se plasmarán acá y que reflejarán los verdaderos colores de Germán Henao, un hombre que nació para ser el “amigo” eternamente pero eso ya es cuento de otro post.