Independientemente de la religión o fuerza espiritual en la que creamos, desde pequeños nos enseñan que debemos ser buenos, portarnos bien, respetar a los mayores, no decir groserías y no hacerle a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros… todo lo anterior para poder vivir en un mundo justo e igual para todos.
Por un lado están algunas leyes de Dios que dicen “No cometerás actos impuros”, “No levantarás falso testimonio o mentiras”, “No consentirás pensamientos ni deseos impuros” y “No codiciarás los bienes ajenos”; que sin ánimo de ofender al señor que se parece al pingüino de Batman o al mesías que está por nacer en éstos días… se nota que estaban en el siglo 0! Obvio no estoy diciendo que en ésta época se justifique matar o robar ya que estamos de acuerdo en que eso no se debe hacer, pero si vamos más allá y analizamos la envidia, la lujuria y el resto de pecados que todos disfrutamos, se ha podido comprobar que son parte del ser humano y estamos hechos para sentirlos y vivirlos así que antes de pedirnos no codiciar lo de los demás y no tener pensamientos impuros, deberían quejarse con su Dios por habernos hecho así.
Y bueno, para que no parezca que estoy contra la iglesia o contra Dios me voy por el lado de esos que andan con piedras de colores por todo lado y que dicen percibir las energías de todo lo que hay alrededor (digo “dicen percibir” porque no me consta). Me refiero al famoso y tormentoso Karma que según la teoría, puede interpretarse como una ley cósmica de retribución o de causa – efecto que hace que se nos devuelva todo lo que hacemos. Hasta donde sé, y perdón si soy muy ignorante, cuando alguien hace algo con energía positiva entonces se le devolverán energías positivas y los mismo con las negativas… pero bueno, para ese caso tienen una piedra que convierte las energías negativas que les lleguen en positivas así que siempre terminan ganando.
Para no seguir con mil y mil teorías más, el caso es que todas las religiones y creencias en éste mundo buscan un equilibrio entre lo bueno y lo malo y todas dicen que uno recibirá lo que dé así que es mejor no hacerle a los demás lo que no quiere que le hagan a uno. Aún así, como en muchas de mis creencias, me voy más por lo que dice la ciencia con una simple frase sobre el orden natural de las cosas: EL GRANDE SE COME AL PEQUEÑO Y EL MAS RAPIDO DE COME AL LENTO.
Así es, como animales que somos la tarea es sencilla: Sobrevivir.
Constantemente nos encontramos en situaciones que a través de milenios le han enseñado a la naturaleza que “o come, o se lo comen”. Como pez pequeño, se debe comer a los que son aún más pequeños para poder crecer al mismo tiempo que se tiene cuidado de que los peces grandes lo devoren a uno y continuar así de acuerdo a las leyes del mar hasta que se es el pez más grande.
Ya sea en lo personal, en lo profesional o en cualquier otro ambiente, ésta parece ser la premisa principal sin querer decir que para lograr lo que se quiere hay que pasar por encima de los demás o “comérselos” para sacarlos del camino ya que también creo en la ética. Es simplemente cuestión de pensar más grande y pensar más rápido para así no ser uno el que termina como el eslabón débil del ecosistema.
Y bueno, para concluir digo lo siguiente: Es mejor ser el dealer que pone las cartas sobre la mesa y tiene el control del juego que ser la carta jugada. Por experiencia puedo decir que luego de ser la carta jugada muchas veces, he aprendido hay que ponerle las reglas del juego a los demás antes de que se las pongan a uno y luego simplemente dejar que juego muestre qué jugador es el más grande y el más rápido. Hacerle a los demás lo que no quieres que te hagan a ti es simplemente jugar primero si no quieres que jueguen por ti, tomar la iniciativa si no quieres que esa oportunidad la tome alguien más y mostrarse como el eslabón más fuerte antes que otro se aproveche de la debilidad.